Las aguas

por Gustavo Dieguez

Las cinco señales del plata

Mutaciones en la imaginación colectiva del río

Primer Emblema
Crónica de una desconquista

En la expedición que fundó Buenos Aires por primera vez, colonos y soldados, aunque disponían de cobertizos, decidieron permanecer en los barcos. La soldadesca continuaba habitando en las naves una vez fundado el pueblo. Durante meses su morada estuvo sobre las aguas del río de la Plata.

La primera destrucción de Buenos Aires consistió en arriar el pueblo y mudarlo a otra parte. Algo de ello don Pedro de Mendoza lo supo aprender comandando tiempo atrás el saqueo de Roma. Se prendió fuego a todos los edificios y a la nave, que encallada en tierra, servía de muro defensivo. En el lugar desolado se dejó una carta dentro de una botija hecha con una calabaza inscripta con la indicación de adonde había sido trasladada la población.

“Rogamos y pedimos por merced a cualquier que esta carta nuestra viere, que si no se hallare en tiempo de poder hacer ninguna de las cosas que arriba decimos con que nos socorrer y se determinare volver a España o para otra parte de las Indias, que vuelva a poner ésta como la hallare, para que, si otro después de él viniere, nos pueda seguir y lleve consigo el traslado, para que por él pueda hacer relación a S. M. o a los señores de la Contratación de las Indias, para que, sabido cómo, nos mande socorrer si fuere servido porque por falta de navíos, nos sea enviado con qué traer socorro de las cosas necesarias a esta tierra. Este puerto es el mejor que hay en este río para naos y gente, adonde cualquiera que viniere podrá dejar la gente y mas que le pareciere, avisándose siempre de se guardar de tigres, porque hay muchos”.1

1.1 Ilustraciones por Gustavo Dieguez
Notas
  • 1Domingo Martínez de Irala. Ulrich Schmidel, Viaje al Río de la Plata. 1534-1554. Trad. de S. Lafone Quevedo, Buenos Aires, 1903. Apéndice E. Carta de Domingo Martinez de Irala. Abril de 1541. [Reproducida de la Revista del Instituto Paraguayo, Año III, Agosto de 1901, N.º 30. El doctor Estanislao Zeballos la publicó en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino, t. XIX, p. 261. En este documento se fija la fecha de la dejación de la primera ciudad de Buenos Aires y abandono de su puerto-]. LA RELACION QUE DEXO DOMINCO MINEZ DE YRALA EN BUENOS AYRES AL TPO Q. LA DESPOBLO (1541). Archivo General de Indias, 92 5. 2/10, Pieza 10ª.

“La primera destrucción de Buenos Aires consistió en arriar el pueblo y mudarlo a otra parte. Algo de ello don Pedro de Mendoza lo supo aprender comandando tiempo atrás el saqueo de Roma.”

Segundo Emblema
El designio de un puerto inevitable

Las naves fondeadas en el estuario, aquellas dos naves de la primera expedición, no sólo fueron un dispositivo defensivo sino una señal anticipada. Aquella recomendación descripta en la carta de Martínez de Irala que, en su huida hacia Asunción, aseguraba que el Río de La Plata presentaba las mejores condiciones naturales como puerto, podría ser considerada como el primer engaño perpetrado en Buenos Aires. O cuanto menos, la primera señal oficial de la desesperación propia del instinto de supervivencia.
Dos siglos después de aquella avanzada, Buenos Aires ya se había consolidado como un puerto de contrabando desde el apogeo de Potosí, aunque tenía enormes necesidades de formalizarse frente a la frágil infraestructura que ostentaba su precariedad.

«La ciudad de Buenos Aires, divisada desde la rada exterior a unas ocho millas de distancia, tiene un imponente aspecto. Los edificios públicos y las cúpulas de numerosas iglesias le dan cierto aire de grandeza que se desvanece cuando nos aproximamos. Al desembarcar, el muelle derruido (la tormenta del 21 de agosto de 1820 lo dejó en malas condiciones) y las principales calles cercanas a la costa nos disponen mal respecto a la belleza dela ciudad… El Río de la Plata podría ser llamado con justicia como ¨infierno del navegante¨: unas cartas trazadas por el capitán Heywood, del buque S.M. B. Nereus, sin ser perfectas pueden considerarse las mejores. El gobierno ha mandado colocar boyas en los bancos Chico y Ortiz y se ha hablado mucho de construir un muelle, una darsena y otros trabajos de consideración. Han sido contratados los servicios de un ingeniero francés y un caballero cuáquero, de nombre Bevans. Este último llegó, procedente de Londres, en octubre de 1822, pero la carencia de fondos ha impedido la proyectada empresa. Levantar muelles y dársenas no es tarea fácil en un país desprovisto de obreros…Un pequeño impuesto a la navegación se haría indispensable en caso de emprender obra tan fundamental¨…Quienes en razón de sus ocupaciones deben embarcar y desembarcar con frecuencia, encuentran demasiado caros los carros, no faltando algunos que se hacen llevar en hombros de los marineros. Rara vez hay en el agua bastante para permitir que los barcos se acerquen y, por otra parte, siempre está el peligro de las rocas y restos de naufragio que hay en la costa»²

Desde 1744, veintidós años antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata y ochenta años después de la cita precedente hasta nuestros días, que el escudo de la ciudad de Buenos Aires está representado por dos naves fondeadas en el río, con un ancla en primer plano que lo certifica y una paloma en su parte superior que simboliza la custodia del Espíritu Santo referida a la creencia y presencia católica en estas tierras, en este caso representadas por el agua. Las dos naves de la primera expedición se constituyen así como el mito de origen que cifra el sentido dialéctico de la ciudad como pieza anfibia y del puerto como inevitable metonimia de la ciudad.

2.1 Ilustraciones por Gustavo Dieguez
Notas
  • 2Un inglés, Cinco años en Buenos Aires (1820-1825). biblioteca Argentina de Historia  y Política. Tomo 52. Hyspamérica. Buenos Aires.1986

“La ciudad de Buenos Aires, divisada desde la rada exterior a unas ocho millas de distancia, tiene un imponente aspecto. Los edificios públicos y las cúpulas de numerosas iglesias le dan cierto aire de grandeza que se desvanece cuando nos aproximamos”

Tercer Emblema
Un letrero de chapa enlozada

“Prohibido salivar en el suelo. Ordenanza municipal del 11/4/1902”.

Aquel letrero de chapa enlozada atornillado en la pared del bar regenteado por inmigrantes españoles exhibía una norma de convivencia que supo ser un lugar común del espacio público del siglo XX. El mero transcurso del tiempo terminó por instalar en las generaciones posteriores un estado de naturalización que condujo a que sea sólo una recomendación inocente y hasta un hecho ignorado. A esta reglamentación, concebida tiempo después como índice arquetípico de la cortesía pública, conocida regularmente con el nombre de urbanidad, la omnipresencia de la tuberculosis la convalidó mas de cien años atrás como un asunto de vida o muerte.
Sin pretender abusar de la ironía, debiéramos admitir que vivir o morir es el límite de la convivencia humana. Será por eso que ningún plan urbano ha desatado mayor transformación en sus efectos concretos que los que produjo en la historia de la ciudad de Buenos Aires la epidemia de fiebre amarilla de 1871, consolidando la asimetría territorial de ricos y pobres con la migración de las clases acomodadas al norte de la metrópolis en formación. En aquel momento la estructura urbana comenzó a obedecer a un esquema de división social delimitado por márgenes de salubridad. El esquema norte-sur se asentó así como la matriz histórica expresada en el desarrollo urbano, el establecimiento diferencial de las elites sociales y en consecuencia, en la jerarquización y desigualdad de los valores del suelo.

“La regularización de la ciudad apunta a consideraciones económicas y administrativas traducidas en un espacio concreto; pero también a un enfoque de los problemas en el que aquello que había sido considerado tradicionalmente como natural aparece ahora como peligroso. En relación con esta perspectiva es que pueden considerarse las teorías miasmáticas que prestaban base científica a la organización espacial de la ciudad.”³

El río se erigió en agente transmisor de la peste, desembocando aguas abajo desde el Paraná, trasladando a los soldados infectados tras los escenarios sangrientos de la Guerra del Paraguay, y a través de la contaminación de los saladeros del riachuelo. La fiebre amarilla se diseminó de manera fulminante sobre la población y contribuyó a la consolidación de un nuevo orden social.
La vida de la ciudad encuentra en esta catástrofe fundacional las bases de apoyo para el ejercicio de una tendencia epocal determinante como la enunciada por las doctrinas higienistas que la clase médico-política de Ramos Mejía, Coni, Wilde, Ingenieros, Holmberg y Argerich entre tantos, supo situar en los primeros planos del escenario del desarrollo argentino impulsado por la generación del 80. El paradigma científico encuentra un espacio protagónico como ámbito de las soluciones al núcleo de los problemas que define el modelo nacional civilizatorio. Sin dudas existió un proyecto de acción, dentro de toda la maquinaria de pensamiento que se puso en juego en el accionar político y que repercutió en cierto modo en la injerencia estatal, que tiene que ver con la delicada posición que asiste a los ciudadanos en tiempos del terror invisible de estas epidemias de tratamiento incierto.
“La peste que habita las calles estrechas y sin luz, puede salir de ahí e introducirse, llevada por el viento, al dormitorio más limpio y más cuidado. Cada pobre que vive mal es una amenaza contra la vida de sus semejantes.” 4
La teoría miasmática formulada en el siglo XVII tomó fuerza entonces como argumento para la construcción de un sentido común para la organización estatal del territorio de la ciudad. 
Estos niveles de solidaridad humana forzosa encerrados en la cita de Wilde, que vinieron a activarse desde la imposibilidad del control de las circunstancias y por fuera de una voluntad inicial, hoy se han transmutado como argumentos en la experiencia con el COVID. Las actuales políticas urbanas y sociales han vislumbrado, las posibilidades con que los asiste la ingeniería mediática para la construcción de retóricas acerca del equilibrio del ambiente y, en simultáneo o sucesivamente, de todo lo contrario.

La salida de la Argentina de la empresa concesionaria de aguas -Aguas Argentinas- en 2006 constituyó un episodio central para pensar en las cuestiones vinculadas a una nueva valoración de los temas ambientales olvidados de las agendas políticas. El punto de conflicto, en camino al olvido, fue el incumplimiento en la construcción de la planta de tratamiento principal del desagüe maestro que recibe los efluentes de la Ciudad de Buenos Aires y los partidos más poblados de su conurbano.
Habrá que mencionar entonces una nueva oposición geográfica para poder comprender la pulsión orgánica de Buenos Aires. La relación este-oeste dirimida por su frente costero divide los límites de la ciudad en la descripción de tono poético que impone la diferencia entre la pampa y el río, su pampa líquida. Como un cuerpo que modela impulsivamente sus conductas a fuerza de imágenes, Buenos Aires aspiró con el tiempo a una inteligencia literaria que se define por esta dualidad que ha servido estrictamente al contraste geográfico de las narrativas, pero que no ha funcionado para articular un sistema igualmente lúcido para la convivencia de los asentamientos urbanos. La más feroz paradoja de esa relación, por fuera de aquella que la consigna como ciudad portuaria, es la que convirtió al río en vertedero de desechos y fuente de consumo simultáneo. La metáfora de la pampa líquida es tan eficaz que, asumiendo real aspecto, ha convertido a nuestro río durante más de cien años en el mayor depositario de abono que ningún terreno cultivable se haya preciado, suponiendo a través de esta figura, que el agua de consumo también es un bien a cultivar abonándolo. Como complemento a este escenario, el cincuenta por ciento de la población metropolitana aún no tiene acceso a la red cloacal.

3.1Ilustraciones por Gustavo Dieguez
Notas
  • 3J. Liernur, G. Silvestri. El umbral de la metrópolis: transformaciones técnicas y cultura en la modernización de Buenos Aires (1870-1930). Sudamericana. Buenos Aires. 1993.

Cuarto Emblema
Un reducido grupo de personas

La necesidad de construir un puerto para Buenos Aires se convirtió en las primeras décadas del siglo XIX en una obra imprescindible. La escasa profundidad del río no amenguó la insistencia para que el puerto exista y tome forma. La enorme cantidad de barcos fondeados a la espera del desembarco, la carga y la descarga, tal como lo describen las litografías de Engelmann, definía una imagen muy particular de ese horizonte extenso que tiene el río desde la ciudad. La decisión de materializarlo constituyó el inicio de una institución que acompaña a los argentinos hasta estos días: la deuda externa. 
La banca londinense Baring Brothers consumó entonces, junto a los especuladores nativos e ingleses, la mayor estafa conocida por estas tierras al constituirse como prestamistas para la construcción del puerto de Buenos Aires junto a otros tres puertos más sobre la costa. La historia del entretenimiento del dinero a partir de la gestión de Bernardino Rivadavia es la de un derrotero de ochenta años. Lo concreto es que nada de lo pactado con la firma del empréstito en 1824 se cumplió. Las obras no se llevaron adelante y la deuda contraída se multiplicó por diez al momento de terminar de saldarse en 1904.
El Puerto Nacional finalmente se construye entre 1887 y 1897, luego que en 1882 se  aprobara el proyecto a Eduardo Madero, sobrino del entonces vicepresidente Francisco Madero. Eduardo Madero había presentado otros proyectos portuarios con anterioridad en 1861 y 1869, y rivalizó con el Ingeniero Luis Huergo disputando con él la posibilidad de hacerse de la obra. La rivalidad entre ambas propuestas expresaba la tensión de dos grupos antagónicos que se enfrentaban por la hegemonía comercial y política del rumbo nacional.

Buenos Aires tuvo finalmente un puerto nacional en el Río de la Plata.

El óleo de Oreste Cortazzo entrega una imagen que aporta un grado de inquietante síntesis a esta historia. 
Un reducido grupo de personas reunidas en las escalinatas del Paseo de Julio, frente al muelle de pasajeros, reciben a Eduardo Madero quien porta consigo el acta de inauguración de la primera etapa del puerto. En el centro de la imagen se encuentra Dalmacio Vélez Sarsfield, quien fuera el redactor del Código Civil y Comercial y que, fallecido en 1875, no tuvo la oportunidad cierta de estar presente en dicho acto. A la derecha del espectro se ubica Domingo F. Sarmiento, presidente argentino en el período 1868-1874, también fallecido anticipadamente al hecho y líder del grupo de poder que se impuso en la mentada empresa. Este cuadro celebrativo que reúne a este grupo de elite, tiene a sus espaldas una tercera presencia. Se trata del busto de Bernardino Rivadavia que, rodeado de banderas argentinas, no sólo señala algún tipo de evocación por aquel primer puerto frustrado, sino que refuerza el motivo por el cual Baring Brothers también en este caso resultó ser la banca que financió la construcción de lo hoy conocido como Puerto Madero.
Al poco tiempo de inaugurado los problemas técnicos que Huergo adelantó oportunamente empezaron a presentarse. Diez años después de terminada la obra, y debido al aumento de tamaño de los buques, los diques y el puerto quedaron obsoletos. La nueva versión del puerto construida a su lado llevó el diseño de puerto en peine perpendicular a la costa, que Huergo, primer ingeniero recibido en Argentina, había presentado en 1881. Finalmente el Puerto Nuevo entró en obra en 1907.

“La única estructura solidificada, el único segmento de la esfera en que las tierras aparecen diferenciadas de las aguas, es la Administración Pública, las restringas del Estado. Sus perfiles y relieves demárcanse con nitidez, ahí pueden hacer pie los que temen la vida; pero es la masa de un camalote, sin consistencia interior. Tiene la forma de los componentes caóticos que lo integran, y por eso mismo depende de circunstancias fortuitas que tal como lo hicieron una figura concreta, lo pueden deshacer”.⁴

4.1Ilustraciones por Gustavo Dieguez
Notas
  • 4Ezequiel Martínez de Estrada, Radiografia de la Pampa.

Quinto Emblema
Polder social: aquello que habita en el escudo

“Les llamo la atención sobre dos hechos singularmente propicios. El suelo de la Pampa y el de la ciudad no está al mismo nivel del río; cae casi a pico por lo que ustedes llaman “la barranca”, declive muy pronunciado, tan pronunciado que la ciudad primitiva se quedó detrás. Así, con nuestro hormigón armado, vamos a llevar, a nivel, el suelo de la ciudad, por encima del río, hacia delante, sobre unos pilotes que tomarán sus cimientos en la arcilla compacta del fondo del estuario, suelo excelente para levantar rascacielos. Este fondo no está a más de ocho a doce metros, aproximadamente, por debajo del nivel del agua.” 5

Los textos que componen el libro Precisiones -Précisions sur un état présent de l´architecture et de l´urbanisme, publicado en París en 1930, como parte de la Collection de l´Esprit nouveau. corresponden a las conferencias dictadas por Le Corbusier en su visita a Buenos Aires y Río de Janeiro en 1929.
Allí, Charles-Edouard Jeanneret ensayó sus primeras intuiciones acerca de Buenos Aires que años más tarde tomarían forma cuando se embarcó junto a entonces jóvenes arquitectos argentinos en la tarea de llevar adelante el Plan Director para la Ciudad.

Invitado a la Argentina por Victoria Ocampo, en su condición de promotora y divulgadora de la cultura y las vanguardias artísticas, Le Corbusier hizo su aparición en la escena local  manejando su acostumbrado lenguaje hiperbólico, cuyo tono fue inevitablemente asociado con el estilo vanguardista de la expresión artística, que sólo los pocos miembros de aquel grupo manejaban y comprendían como género discursivo. Sin embargo, las cuestiones urbanísticas que refería no solo eran estilemas de conversación sino que conllevaban  acciones grandilocuentes y decisiones políticas que superaban por mucho a una mera expresión del arte.
La materia sensible de toda su propuesta, sintetizada en la presencia de un conjunto de rascacielos erguidos por delante de la costa de la ciudad y encima del río resultó ser, más allá de todo el relato técnico, más allá del desborde mesiánico de un esclarecido, una repercusión del conjuro latente de aquellas dos embarcaciones que habitaron Buenos Aires por primera vez sin tocar genuinamente su suelo. La Ciudad de los Negocios de Le Corbusier, aquello que habita en el escudo, continuó su destino al mutar aquel puerto soñado en una ciudad fondeada como embarcaciones a exactos metros del antiguo borde costero en el que los querandíes vieron llegar a la primera expedición española.

5.1Ilustraciones por Gustavo Dieguez
Notas
  • 5Le Corbusier, Précisions sur un état présent de l´architecture et de l´urbanisme. 1930

Gustavo Diéguez

Arquitecto.
Integra junto a Lucas Gilardi el equipo de arquitectura a77 donde desarrolla trabajos vinculados con la autoconstrucción y la reutilización de restos industriales y el reciclaje aplicados a la vivienda
experimental, a la formación de instituciones efímeras, a la activación de dinámicas sociales en el espacio público y a la autogestión de espacios culturales.
Profesor titular de la cátedra Taller a77 de Arquitectura y Proyecto Urbano en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UBA).
Profesor titular del Taller de Experimentación Proyectual y del Laboratorio de Experimentación Tecnológica del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de San Martin (EHyS- IA-UNSAM).
Es uno de los miembros fundadores del espacio IF /Investigaciones del Futuro, plataforma y espacio de pensamiento y producción de proyectos culturales y de inserción en entornos vulnerables.
Es autor de escritos y ponencias sobre asuntos urbanos y arquitectura. Sus trabajos construidos han tenido lugar en Buenos Aires, Barcelona y Nueva York y han sido exhibidos en múltiples exposiciones nacionales e internacionales.
Entre sus distinciones se destaca la obtención del premio Kónex de Platino al Diseño del Espacio Público en la década 2011-2021
Desde 2020, a partir de la publicación de la novela gráfica “Gómez. Improbables aventuras de un fotógrafo en Mar del Plata” es autor integral de historietas.

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