Celebraciones
Manifestaciones de la barranca en la arquitectura porteña
Buenos Aires es una ciudad costera, bordeada por un río sin orillas. A diferencia de otras metrópolis, donde la presencia fluvial representa una situación urbana que se incorpora al paisaje —ya sea como rambla, paseo o deslinde entre zonas—, tanto el trazado como el tejido porteño pasan casi indiferentes sobre la barranca en la que alguna vez terminó la ciudad. Esa barranca es hoy un vestigio, apenas perceptible, que se manifiesta de forma esporádica en la superficie irregular de algunos sectores de la ciudad. Esta condición ambiental —pampa ondulada, antropizada bajo el imaginario de un damero perfectamente plano— se tradujo de distintas maneras en los proyectos de arquitectura que cayeron en la suerte —o desgracia— de posarse sobre parcelas en pendiente. Al prestar atención al encuentro entre veredas y fachadas, la resolución más habitual es la simple aceptación del desnivel: proyectos diseñados sin consideración topográfica, que toman la pendiente como un dato residual, y luego la incorporan mediante un stretch o un extend de alguno de sus lados para compensar la variación de alturas. Se trata de una respuesta tímida que, en su mero reconocimiento del desnivel, termina acompañando la pendiente urbana.
Una actitud menos feliz, pero también presente en varias parcelas de la ciudad, es la negación. Edificios proyectados como si no existieran variaciones de altura en el terreno. La estrategia es muy sencilla: se busca un punto base a partir del cual diseñar la fachada, se ubica el acceso y, a partir de ahí, se compone. Hacia abajo se genera un frente opaco, un paredón ciego como triste fachada peatonal. Ya sea por dogmatismo o por impericia, en su voluntad de evitar la barranca terminan resaltándola.
Celebraciones indaga en aquellos proyectos que tomaron esta cualidad ancestral pero ignorada del territorio como una oportunidad. Arquitecturas que aprovecharon la irregularidad del terreno para gestos elocuentes o sutiles: espacios semienterrados, accesos en desnivel o trabajos paisajísticos. Proyectos que resuelven con elegancia pragmática o con destreza espacial la presencia de la barranca. La actitud celebratoria demuestra oficio, pero también inventiva al explorar el potencial de una parcela atípica.
En algunos casos, donde el desnivel es acotado, alcanza con diseñar con gracia el acceso (las torres de Barrancas de Belgrano, con sus canteros y accesos escalonados, son un ejemplo).
Cuando la diferencia de altura alcanza uno o dos metros entre distintos puntos de una misma planta baja, aparecen otras estrategias. La más frecuente es el uso de un zócalo: una pieza maciza que toma el deslinde y enmarca la planta baja (Comega, Kavanagh). Menos habitual pero también presente, otro grupo apela a la planta baja libre como recurso para contener el desnivel, utilizando columnas de distintas longitudes (Edificio Estuario, Paseo Arroyo). Una forma elegante de usar el vacío como articulador.
Se presentan cuatro casos —canónicos y anónimos— que celebran la presencia de la barranca.
Comega
Visto en planta, la estrategia de contención de la barranca en el Edificio Comega consiste en organizarse en tres naves que subdividen la pendiente. Cada nave tiene su propio cero y, por lo tanto, su propio acceso, a pesar de pertenecer todos los espacios a una misma planta baja.
En fachada, la estrategia se resuelve mediante una sutileza pictórica: el basamento macizo, conformado por las mismas placas que el resto del edificio, contiene los desniveles y las columnas de la recova hasta que logra normalizar la situación. A partir de ahí, en un tono ligeramente más claro, comienza el desarrollo volumétrico del rascacielos.
Paseo Arroyo
El Edificio Arroyo, construido en la década del setenta bajo la figura de torre exenta, se ubica en una esquina de pendiente doble. El proyecto aprovecha la manifestación de la barranca en el sentido largo del terreno (doce metros en su punto más alto, ocho en el más bajo) para elevar un semipiso donde se ubica el acceso residencial. Esta operación genera las condiciones suficientes para enterrarse unos metros y ganar una galería comercial, que se va abriendo a la vereda a medida que la pendiente avanza.
La galería —que lleva el nombre de Paseo Arroyo— se beneficia del planteo celebratorio: al estar semienterrada, destaca por su capacidad de pasar inadvertida, al mismo tiempo que su sentido largo se abre a la calle, obteniendo una iluminación y ventilación natural atípica en este tipo de espacio.
Bolsa de Comercio
La Bolsa de Comercio, proyectada por Mario Roberto Álvarez y Asociados y ubicada a continuación del Comega, no parece, a primera vista, un edificio de barranca. Tampoco es —para ser francos— una celebración demasiado elocuente. Tanto su fachada sobre Alem como la de 25 de Mayo se enfrentan a una aparente regularidad. Sin embargo, entre ambos frentes hay una diferencia de seis metros de altura.
La verdadera manifestación de la barranca ocurre en el interior: es en el corte donde se hace visible el gesto celebratorio del proyecto. En el punto en que ambas plantas bajas deben encontrarse, aparece el despliegue espacial: un semipiso colgante y unas escaleras mecánicas —adelanto tecnológico de la época, presente también en las Galerías Jardín— que otorgan fluidez peatonal a espacios estratificados, sin ceder visuales ni la sensación de paseo.
Edificio Agüero
El Edificio Agüero, de autor desconocido, se encuentra en la Isla de Recoleta, sobre una parcela en doble pendiente, similar al caso del Edificio Arroyo. El proyecto recurre a la estrategia de un basamento macizo, que toma la totalidad del lote y permite un acceso peatonal por Agüero y otro vehicular por Guido.La celebración se da tanto en la aparición de estos accesos a distintos niveles como en la forma de la pieza articuladora, que genera una suerte de edificio de esquina, con balconeos y canteros que acompañan el paisaje urbano. Esta operación se alinea con la escalinata proyectada a principios del siglo XX por Joseph-Antoine Bouvard, director de Parques y Paseos de París. Para completar la singularidad del caso, la escena puede ser contemplada desde la planta baja elevada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.