Pensamientos inundables
Como un decoupage, el pensamiento se posó sobre los fragmentos de ladrillo, argamasa y hierro doblado y la miríada de elementos pasó a ser sustrato: sostén hidropónico para el manto orgánico en que las plantas echaron raíces. El pensamiento y el sustrato son lo mismo.1
El Río de la Plata es un mar pequeño con un fondo de barro, un puerto viejo y un paisaje impropio. Es un edén primal pintado al óleo, fotografías granuladas en blanco y negro, y un espejo de agua para el borde siempre duro de la ciudad de Buenos Aires2.
Del mismo modo que, tierra adentro, hubo que hacer desierto para conquistar lo lleno, se le exige a este estuario que sea río. Sucede que “estuario” es una situación demasiado transicional, inestable, inenarrable para una ciudad que se autopercibe cabeza de una nación en ciernes.
Los derroteros fallidos, claudicados o insuficientes de operar su costa no pueden ser leídos sin considerar el gesto insistentemente patriarcal de la rectificación, endurecimiento y permanente expansión de su borde.
“Dar la espalda al río” es una expresión poética tanto por la espalda como por el río. Muestra el extravío del pensamiento europeo ante la realidad sudamericana.
La intensidad con que se afirma la costa y opera sobre su desnivel es directamente proporcional al vigor con que se borran los cursos de agua que llenan los bañados de esta tierra liminal, entre la cuenca del Paraná y la Selva Marginal.
El no/río es un recuerdo de playa y una imaginación de ciudad balnearia, ese cuerpo de agua que supo ser recreación y hoy es meramente decorativo. Es además el significante identitario más frustrado, evocado siempre, pero sin pasaje al acto.
En la tan mentada “línea de costa”, del desnivel en asiduo cambio surgió el dispositivo escalera, conexión necesaria entre superficies de distinta densidad: agua y tierra firme.
Subproducto de la voluntad orgánica de la ciudad, obstinada en ciclar a lo largo de cinco siglos, emergió (submergió) un nuevo dispositivo: el escombro, sustrato sobre el que el compost de la sudestada escurre y oxigena la vegetación nativa.
Es que más acá y más allá de Pompeya3, la inundación es una escala regional en la que el agua baña toda una cuenca4 para acercar el sedimento llamado arena.
La ciudad fija la arena. En escala microscópica: un “árido” imprescindible en hormigón armado para luego desarmarlo en la próxima temporada geológica.
Nos hacemos la pregunta: ¿Cómo sería el paisaje de nuestra ciudad si hubiésemos reconocido como tarea fundamental el rol de las lavanderas, si hubiésemos permitido el libre escurrimiento de las aguas, si hubiésemos preservado la selva marginal, si se pudiese distinguir el relieve en el horizonte?¿Cómo jugarían las niñeces en los meandros bañados por la crecida?
El Río de la Plata es el lugar a donde la ciudad fue a nacer antes de que el agua sea río. El río es un lugar viejo, el más viejo de esta parte del mundo. Es el lugar donde exudamos nuestras deposiciones y a donde vamos a imaginarnos ciudadanxs fluviales, costeñxs esquivos; es donde nos constituimos como subjetividades hidrosociales, a pesar de nuestra reticencia al contacto líquido con las aguas marrones del plata.
Archivo General de la Nación
Archivo General de la Nación
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Notas
- 1Si bien no es el único sitio, la escena por antonomasia que se describe puede visualizarse en la Reserva Ecológica de Costanera Sur, donde, sobre los escombros vertidos al rio provenientes de las demoliciones de edificios, el viento y el agua fueron depositando material orgánico sobre el que se repuso la vegetación autóctona de esta parte del mundo.
- 2Las representaciones de Buenos Aires como asentamiento humano tempranamente adoptaron dos puntos de vista paralelos: el plano y la vista desde el agua, confirmando que más que su costa, el interés europeo estaba en el agua y en la dominación de la tierra.
- 3San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
Y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa, Tú casa, tu vereda y el zanjón,
Y un perfume de yuyos y de alfalfa Que me llena de nuevo el corazón.
En Sur, tango de 1948, Manzi y Troilo fijan el paisaje húmedo que todavía era Buenos Aires. La segunda frase de la estrofa coincide con la auxesis tanto de la poética como de la música, quedando grabada en la cultura popular, tanto como las recurrentes inundaciones que los porteños padecieron durante décadas. - 4Buenos Aires es parte de la Cuenca del Plata, de la que forman parte el Río Paraná, el Uruguay y el Estuario del Plata, además de todos sus afluentes.