Estética de un borde
La relación entre Buenos Aires y el Río de la Plata está atravesada por una condición singular: gran parte de su borde costero fue construida sobre rellenos, escombros y residuos que modificaron artificialmente el territorio. Allí donde hoy aparecen parques, paseos e infraestructura, antes hubo sedimentación, descarte y operaciones de expansión urbana.
A partir de una serie de observaciones empíricas que van desde la vecindad del Parque Costero de Vicente López, un paisaje cotidiano construido sobre capas de basura y escombros, hasta la voluntad intelectual de entender esas formas, surge esta conversación entre los arquitectos Alberto Varas, Martín Huberman y Guadalupe Tagliabue.
El estudio de Varas no solo investigó esa relación histórica con el río, sino que también intervino directamente sobre ella. En una ciudad que tiene como tradición cultural y política construir sobre su río, resulta especialmente interesante conversar con alguien que primero estudió esa fenomenología y luego participó activamente en su transformación.
La conversación se organiza en torno a tres intervenciones del arquitecto Alberto Varas sobre este territorio: su libro Buenos Aires Natural + Artificial, el proyecto del Parque de la Memoria, y el diseño del borde costero que terminó por definir la morfología del límite formal entre Buenos Aires y el Río de la Plata.
Alberto Varas (AV): El libro, tiene más de 20 años. Está escrito en el contexto de la evolución de la cuestión urbana, del espacio público y de la naturaleza en la ciudad que yo llamo las infraestructuras biológicas. Y como tal, no deja de ser un instrumento de diseño y de proyecto, mientras que en la concepción maquinista, la naturaleza es históricamente una contrapartida de lo físico. Cuando Le Corbusier pone en el piso arriba, la terraza, hace una traslación de la naturaleza. La máquina y la naturaleza son dos cosas distintas.
Martin Huberman (MH): ¿Y vos crees que en estos 20 años esa visión ha evolucionado?
AV: El problema de la ciudad no es como el problema de la arquitectura, donde una obra te puede llevar entre 2 o 5 años. En la ciudad a veces te lleva 50 años. O sea que el libro, en realidad, se refiere a cómo se manifestaba la transformación de la ciudad en términos de evolución de elementos que intervenían en el proyecto, en ese momento. O sea, la definición de esos elementos es, por un lado, la arquitectura y por otro el nuevo espacio público.
¿Y dónde sale el nuevo espacio público? No es casual que, en esos años, justamente, aparecen en todo el mundo, en todas las grandes ciudades, en algunas antes y en otras después: la cuestión de la obsolescencia de las grandes infraestructuras.
Guadalupe Tagliabue (GT): La obsolescencia como oportunidad.
AV: Ese, es un factor decisivo porque una gran infraestructura que se vuelve obsoleta te deja un enorme territorio disponible. Una enorme superficie que está generalmente en áreas centrales y que, por lo tanto, son una enorme oportunidad para intervenir creando un nuevo tipo de espacio de forma diversa, diferente a la cuadrícula histórica. Entonces, la naturaleza funciona como un ingrediente más que es extraño al proyecto. Es visto como una infraestructura biológica, que tiene una función, que está más relacionada con el funcionamiento corporal, con la respiración, con el bienestar, con la vista, con el paisaje. El paisaje y la transformación de la ciudad, y la oportunidad del gran espacio. Porque la naturaleza como paisaje, como gran dimensión, como las infraestructuras, tiene una manifestación proyectual.
El libro, se compone de tres grandes elementos. Uno es el espacio público, el otro las infraestructuras biológicas y el tercero es lo que queda en la ciudad. O sea, el patrimonio construido.
MH: El libro elabora sobre la transformación en la consideración de esos elementos.
AV: Y esa visión del patrimonio, junto con los otros dos, formaba parte de una nueva visión, cuando la construcción del maquinismo estaba tocando su fin hacía ya algunos años. Porque, bueno, después de los 60s, 70s, o de los 80s, yo diría, hay como 20 años en que se produce una reacción. Una reacción lógica, porque no es una reacción solamente ideológica, sino concreta. Aparecen otros problemas que son tanto más importantes. Incluso a las situaciones actuales en las que, por ejemplo, un factor decisivo en la conformación de esa ciudad que en el maquinismo era el automóvil, el avión, las máquinas, todo lo que se movía, se desacredita. Porque hoy por hoy, quizás otros 20 años después, el problema de la movilidad, por ejemplo, se constituye en un elemento de transformación, ya se sabe qué es lo que hay que hacer. En cuanto a la creación del espacio público. O sea, el espacio público en la ciudad contemporánea, en realidad, estaba bastante degradado, no construido. Porque el espacio público era el verde.
Para el maquinismo, la máquina está puesta sobre una alfombra verde y la alfombra verde es el concepto de naturaleza.
GT: Y el espacio público es lo que queda de esa alfombra.
AV: Porque lo otro era el espacio público histórico. Las plazas clásicas, el espacio público europeo. O sea, el espacio moderno dice: «No, para nosotros la arquitectura es máquina, es avión, es auto, lo ponemos sobre la naturaleza que es el campo. Y el campo, no se toca».
MH: O sea, la capacidad de la arquitectura de pasar por encima de todo y de funcionar como un amalgama.
AV: Claro. O sea, que no se diseña. Es como el agua, es fluida.
Una cosa es la naturaleza fluida y otra cosa es la naturaleza proyectada. ¿No?
MH: Fluida equivale a no manipulada.
Alberto Varas: O sea, el espacio moderno dice: "No, para nosotros la arquitectura es máquina, es avión, es auto, lo ponemos sobre la naturaleza que es el campo. Y el campo, no se toca".
AV: Entonces son dos formas de relacionarse con la naturaleza, cuando vos la podes manipular de alguna manera como un instrumento proyectual y otra cosa, es como el agua que es un sostén.
Entonces el libro, básicamente, la trilogía de libros esa, se refiere a estos temas, trata de purgar en eso.
Además coincide también con un período, el año ´97, ´98, que gano los concursos de Retiro y un poquito después, el del Parque de la Memoria. Con temas que yo había estado antes investigando, desde el 80 y pico que volví a la facultad, en el ´84 que fundé la cátedra.
Los jóvenes arquitectos que llegábamos, habíamos estado 15 años proscriptos de la universidad, queríamos enseñar. Y todos tenían sus talleres completos. Y abrí un taller de proyecto urbano, que era rarísimo, no tenía tantos alumnos, eran todos alumnos del último año y eran pocos. Entre ellos estaban Ignacio Dal Rocha, tenía unos alumnos fantásticos. Empezamos haciendo cada uno una maqueta de una zona, de Barracas, o la costa, otros hacían Retiro. Ahí empezamos con el tema de proyecto urbano, qué significaba la renovación de una infraestructura, lo que significa históricamente cuando te encontrás con algo que tenés que reconstruir.
MH: Me acuerdo de ese concurso, me acuerdo de tu proyecto, me acuerdo del proyecto de Miralles también.
AV: Claro, el de Miralles que entraba el río…
MH: Inundaba la barranca de Plaza San Martín.
AV: Sí, sí, sí.
MH: De hecho, creo que hay un plano en tu libro.
AV: Creo que sí. Creo que estaba también… Puede ser un plano, sí. Porque no se difundió mucho…
MH: Claro.
AV: Bueno. Yo hice un proyecto tratando de enlazar el espacio público con los parques, la continuación de las recoletas, de los parques prácticamente hasta el centro, haciendo un gran corredor verde que llegaba casi hasta Palermo. Fueron todos ensayos, Cuando empecé con la cuestión urbana, veía que iba a tener un peso y una transformación, incluso, de la forma de ver la arquitectura. Aparte de mi interés por la gran escala y por ver la cosa más viva que tiene la ciudad, que es toda la movilidad.
MH: La forma de urbanizarse a gran escala.
AV: La gran escala. Y después me tocó también remodelar Retiro, la primera reconstrucción que se hizo en la estación de Retiro. O sea, tuve muchísima suerte. Me tocaron esos dos proyectos porque ganamos el concurso. Los parques fue un concurso que yo lo hice con una enorme libertad.
GT: El Parque de la Memoria y el Parque Natural.
AV: Con tres monumentos. Uno era el monumento a las víctimas del Terrorismo de Estado. El otro, era recordatorio de Wallenberg, que fue el que…
MH: El que logró el pacto y sacó a los judíos de Alemania.
AV: Estuvimos trabajando con la gente de AMIA. Es un monumento que está… En realidad, está hecho casi el 70%.
MH: O sea, el óvalo dentro del parque no está completo.
AV: El óvalo ese, que tiene todos unos escalones. Porque quisieron hacer un lugar donde pudieran hacer actos. Y era un óvalo rodeado de una plantación roja alrededor. Y tenía 84 mástiles en el agua. Que eran las 84 víctimas. Hicimos todo, estaba todo menos los mástiles. No sé, cambiaron las autoridades de la AMIA, un día nos dijeron, “Lo vamos a hacer adentro del edificio”.
Y fue lo que finalmente hicieron. Yo lo lamenté muchísimo porque la verdad era que era lindísimo, se entraba como a las ruinas griegas. Escalones de gran tamaño con juntas de césped, por los que vas subiendo, como una procesión.
MH: Con cierta dificultad.
AV: Es procesional, con dificultad, es inclinado. Tenés que referirte a algo cuando haces esas cosas. Y la verdad que lo más importante de todo, yo diría en ese proyecto, y ya que estábamos hablando antes del agua y del río, que a ustedes les interesa, la verdad que la presencia del río, prácticamente en todo el proyecto del monumento es lo esencial. Porque el río entra en esa cosa que tiene justamente natural y artificial.
Alberto Varas: Porque el río hay que contenerlo frente a la ciudad y había que contener una costa completamente desgranada porque era una costa que no estaba tratada…
GT: La costa de escombros de la que hablás. ¿Es donde estaban los escombros de la AMIA?
AV: Exacto. No tenía forma, y en cambio el monumento sí tiene forma, porque son como dos arcos de circunferencia. Había que rellenar… Y siempre cuento esta anécdota de relleno porque es muy graciosa. Y bueno todas las obras viste que se demoran, esas obras de gran tamaño se demoran, además porque tienen cuestiones políticas. Esto, la plata, no sé, siempre hay algo que hace que se demore…Yo dije, bueno me van a avisar cuando esté, porque había que trabajar sobre eso. Los planos estaban, porque habíamos hecho la documentación, una documentación enorme.
Y nada, pasó un año desde que yo tuve el último contacto con la Ciudad, y un día me llaman… Y el relleno, era un volumen enorme de relleno, se decidió, al final que se iba a hacer con la tierra del subte.
MH: La extensión de la línea D desde Carranza hasta Congreso.
AV: Exacto, y recién empezaban las obras y no tenían donde poner la tierra…
Entonces allí decidieron que la tierra la iban a poner en el parque. Y bueno yo ni me enteré que se iba a hacer. Un día me llama un tipo, me dice: «Arquitecto lo estoy llamando de la obra, tengo una mala noticia para usted. No, lo que pasa que usted en su plano, del Parque de la Memoria, pone una colina que tiene seis metros y medio, y no nos dimos cuenta y se nos fue a seis metros y medio» y yo le digo,»¿Cómo? ¿Ya terminó la colina y está a seis metros y medio? Pero eso es una buena noticia!»
GT: Ah, vos ni estabas enterado que ya habían empezado la colina…
AV: No, yo estaba enterado que se iba a hacer a lo largo del tiempo. Imaginé que la obra del subte se iba a parar, la colina va a tardar, en cambio de seis meses va a tardar cinco años, qué sé yo. No sé… llámenme cuando esté la colina.
Si la colina no estaba no había parque, porque la colina era una modificación de la naturaleza. Es una colina artificial, que es un césped que podría haber estado ahí desde tiempos inmemoriales. pero que no estaba. Era en realidad la idea de que el paisaje se construye como se construye la arquitectura, como se construye el espacio público.
O sea, esa interrelación en escala, en la gran escala, de las cosas que tienen distintos tamaños donde la naturaleza empieza a aparecer, así como ciertas infraestructuras físicas y tecnológicas desaparecen o se vuelven viejas. La naturaleza se puede reconstruir como una infraestructura biológica a partir de ciertas formas de trabajarlas. De hecho, todo el borde exterior que era el río se hizo desde un barco porque navegaban y clavaban los elementos de contención porque no había manera de hacerlo de otra manera, era muy complejo.
MH: ¿Cuándo se lanza el concurso, había ya una tierra consolidada sobre el río llena de escombros?
AV: De escombros y sin forma.
MH: La forma que vimos en las fotos de Marcelo (Brodsky) era eso, un escombral gigante con un poco de naturaleza creciéndole intersticialmente. El concurso se plantea sobre estos dos territorios que no tienen forma, y hay que darle forma a dos escenarios: uno es el Parque de la Memoria y el otro es el Parque Natural.
¿La relación programática venía bajada del gobierno o…?
AV: No estaba claro.
Alberto Varas: La naturaleza se puede reconstruir como una infraestructura biológica a partir de ciertas formas de trabajarlas.
MH: El Parque de la Memoria medio que sí porque había un concurso…
AV: Era el concurso del Parque de la Memoria, después no había nada o sea, después yo me encontré con la posibilidad de hacer dos piezas y la idea mía era de que el Parque de la Memoria no tuviera un carácter de cementerio. Y yo dije, vamos a hacer una plaza… Además, te pedían que pusieras algún equipamiento para la Universidad también que después al final no se puso, pero básicamente es como una mariposa cuyo cuerpo es…
MH: La desembocadura del Vega
AV: Arriba de la desembocadura del Vega, al lado más precisamente. Le puse la Plaza de la Concordia, una concordia entre la vida y la muerte.
MH: Claro.
AV: O sea, entre los que no están más y la necesidad que continúa. En el cementerio la vida no continúa. Y acá, la memoria es una proyección hacia el futuro de los que están, pero digamos hay una celebración de la vida. Entonces uno es una especie de parque natural, recreativo, que coincidía con la posibilidad de hacer finalmente Reserva Natural Norte, que había estado ocupada durante muchos años, después se desocupó.
MH: Por Vela Tropa y antes la Villa Rosa
AV: La Villa Rosa y todo lo que da sobre la Facultad de Arquitectura, por el borde ese.
GT: Que eso también ya desde antes era naturaleza construida.
MH: La Reserva Universitaria.
AV: Exacto o sea tenía poco, era una naturaleza primitiva y mezclada. En realidad, no se puede calificar, tenía más que ver como protección, como Villa Miseria que otra cosa. Pero la idea era que iba a haber un edificio de madera construido para la Facultad de Ciencias Exactas, para el Departamento de Biología. O sea, era un proyecto…
GT: Ese edificio esta en uno de los decretos, que requería la construcción del parque natural.
AV: Sí, el parque natural no estaba denominado como Parque Natural. O sea, la zona, era una zona neutra, toda esta denominación fue una conceptualización que tenía que ver con cómo levantar ese lugar.
MH: Es algo del proyecto de ustedes.
AV: Claro, del proyecto nuestro, o sea no tenía programa. Y por eso, y les voy a contar una pequeña anécdota que es interesante, para que se vea que no tenía programa, porque no sabían qué era lo que había que hacer, pero había que programarlo. El grado de variabilidad que tienen las cosas que están vinculadas con nuestra profesión es bastante grande.
MH: Y en particular con el río. Hay una particularidad de ese territorio que no tiene forma. ¿Quién le da la forma? ¿Y cómo…?
AV: Generalmente no es obra de una sola mano, o sea es un conjunto. Acá se agrega que, a veces, las decisiones políticas van para un lado, después van para otro.
MH: Bueno, de hecho, el abandono del Parque Natural es una decisión política, es un delirio. Un parque que está terminado, nuevo y que se lo abandonó.
AV: Si, ahora creo que están tratando de arreglarlo un poco. Incluso en la ruina en que está, tiene una cosa interesante. Es muy fuerte la relación con el río. Todo el parque tiene una zona que yo la hice inspirada un poquito en el Arno, el río que está sobre Florencia. Tiene una parte baja que se inunda. Se inunda una vez por año, una vez cada dos años. Y yo dije, el río de La Plata crece, y es brutal, y tiene…
GT: Una fuerza.
AV: La fuerza, la sudestada. O sea, se tiene que poder llegar a donde se inunda. Entonces hay caminos, a distintas alturas…
MH: Son esas penínsulas que salen, hay unas escolleras.
AV: Hay unas escolleras que salen, pero aparte hay un camino de cemento que bordea desde donde salen las escolleras que también se inunda. Una vez por año, una cosa así. Yo lo vi inundado, y tengo fotos de haber ido ahí, inundado, que la verdad que es muy interesante. Porque ahí ves el río, ahí estás al lado del río.
MH: En una serie de conversaciones que tuvimos con la Cooperativa Espacial, nos descubrimos o nos encontramos, muy a gusto, muy con la escalera de Benito Carrasco en Costanera Sur. Su diseño de escalera, como política ribereña, planteaba un contacto con el río, que después ningún límite de la ciudad lo recupera. En algunos casos aparece post balaustrada porque es necesario. Pero por lo general, la ciudad termina en vertical…
AV: Bueno, pero eso es porque se perdió el balneario, eso era un balneario, y la gente ahí se metía con la mallita y el agua estaba limpia. Yo tengo fotos de mis padres allí en malla, en esa zona del río. Pero bueno se necesita otra mentalidad, que la que ha habido en los últimos 30 años, en la Ciudad de Buenos Aires. Para tener una idea creativa de lo que es una costa como la de Buenos Aires. O sea, no ha habido una imaginación, por eso está hecho todo de a pedacitos, de a partecitas. También es que es una costa enorme, es muy costoso armarla. Pero no importa, porque se podría haber hecho con un concepto más fuerte, de más imaginación.
MH: En su gran mayoría no deja de ser una vereda cuyo frentista es el río.
AV: Si, los ideólogos que han estado, sean quienes sean, al mando de esto, no se han imaginado más que una casa con un parquecito que termina en un arroyito. Se han confundido de tamaño.
MH: El Río de La Plata, es el único que le pelea, en escala, mano a mano a la ciudad. Podría uno argumentar que también está La Pampa, que ya no la ves, porque la metrópolis un poco se la fagocitó, pero el río todavía está, aunque cede de a poco.
AV: El río no ha sido leído. O sea el río tiene una potencia, una fortaleza. Y la ciudad, que es una ciudad muy fuerte, no ha logrado, salvo algunos puntos muy pequeños, vincularse con el río. Se le ha tenido miedo al río, por eso el aeropuerto está donde está.
GT: Ese es el que deja la vereda también.
AV: Bueno ese casi ni la vereda deja, porque tiene una reja. O sea…
MH: A mí me gusta desbancar un poco ese constructo de que la ciudad le da la espalda al río. De espalda no podes hacer nada, no creces dos kilómetros. Está de frente y con una política certera y eterna. No es una política de ahora, no le podemos echar la culpa a los últimos 20 años. Son 200 años. Hubo momentos más virtuosos…
AV: A principios del siglo, los proyectos de los franceses por más que era un delirio, era como trasladar Avenida Alvear al borde costero. Que era inviable. Pero por lo menos, no importa que no se hizo, pero tenían esa visión. Ahora hay una visión, por el momento que vive la Argentina …
MH: de cortoplacismo.
AV: Cortoplacismo y no hay los recursos posibles, suficientes como para poder hacerlo.
GT: Si, pero también creo que es un poco lo que dijiste recién, de no saber leerlo, de no saber leer la potencia…
AV: Claro. Falta una retórica de la potencia…
Alberto Varas: Falta una retórica del río, una retórica de la potencia del agua, que no está presente o están como minimizadas.
MH: A mí me interesa particularmente de esta investigación poner siempre en crisis ciertas lógicas. La idea misma de porteño, establece una relación de usufructo con el río, que no es real para los habitantes. Es decir, en un cuadro Quinquela Martín, podríamos hablar de porteños. En esa relación es que se acuña el término…
AV: Sí, pero es el trabajo en el río, no es el disfrute.
MH: No es el hedonismo, no es esa mirada…
AV: Hay una foto que yo puse en el libro, una foto del río chocando contra el murallón, de Marcos Zimmerman. A veces los fotógrafos tienen esa virtud de captar en un instante una situación que revelan.
MH: Hay fotos muy lindas en el libro de Horacio Coppola.
AV: Sí, también.
MH: Es como el imaginario cercano de lo que fuimos. Creo que es una foto de una pareja dándose un beso en una playa del río. También esa noción de entender que la playa, en el río de la Plata se produce por retroceso del río. No porque hay una playa. La playa es un momento… Eso es falta de lectura. Porque hoy estuvimos en el Riachuelo y estaba en baja y aparecieron las playas en los bordes. El Río de la Plata también estaba en baja y ahí, las playas aparecen naturalmente. Es decir, el imaginario de playa no es Biarritz, porque nunca va a ser Biarritz. Porque es una playa de una arenisca un poco más sucia. El río tiene su playa y esa playa se produce por la bajante del río, no por exceso de material.
GT: Uno está tan acostumbrado a que el borde del Río de la Plata, en la ciudad de Buenos Aires, aparezca como una línea dura, consolidada y elevada, que cuando en algún punto se permite que el agua avance, que un sector se inunde o que la topografía descienda de manera más gradual, aparece inmediatamente una forma distinta de relación con el río. Surge una cercanía física y perceptiva que la ciudad, en general, perdió hace mucho tiempo.
Eso sucede porque el río deja de estar contenido detrás de una barranca artificial, una avenida o una infraestructura portuaria, y empieza a insinuar algo más parecido a una playa, a un borde fluctuante. Incluso aunque esa playa ya no pueda existir plenamente , la pendiente y la variación del nivel del agua todavía permiten imaginar otra experiencia costera.
AV: Claro, ahí se ha hecho más visible el límite entre lo construido y lo natural. O sea, que de una manera muy simple, la única zona que marca ese límite es el paseo bajo, que es muy básico, pero que de golpe se lo come el agua y de repente el agua se va. O sea, esa situación ambigua que te está hablando del régimen del río. O sea, el borde de la vereda no se mueve, la arquitectura es fija, el monumento es permanente, pero el río está vivo, porque el río está subiendo y bajando.
MH: Esa es la escalera de Carrasco, había un momento donde esa escalera se podía usar y había un momento donde la escalera desaparecía y con ella la plataforma bajo la escalera. La escalera tenía diez escalones o tenía dos.
AV: Pero digamos es una manera simple de dos cosas que tiene una naturaleza entre la vida y lo inerte.
MH: Vos en el libro hablas de dos monotonías, la costa intenta unir dos monotonías, la trama repetida de la ciudad y la horizontalidad del Plata.
AV: Claro, tal cual, sí. Y esas son, es casi el maquinismo de la naturaleza. O sea, eso que no se ve. Porque la naturaleza se ve idílicamente. Y tiene su maquinismo la naturaleza. Tiene cosas que se secan y vuelven a crecer, el agua que sube y baja.
Alberto Varas: La naturaleza es vista idílicamente, pero tiene sus propios mecanismos también. En ciertos términos, la podés llegar a ver como una infraestructura vital. Tal vez como un cuerpo, porque un cuerpo es una infraestructura compuesta anatómicamente por distintos elementos. Y el río en realidad es igual, toda la naturaleza es igual.
MH: De hecho, en el Norte en los bordes de salida de los arroyos que funcionan como desagües pluviales de la ciudad, en los parques existe un estado más natural, dónde hay una naturaleza ribereña. Es muy contrastante la imagen de árboles crecidos en plena forma, tumbados por la propia marea del río. Porque el río come la tierra, las raíces no llegan a armarse y el árbol se desploma. Y eso que se ve como abandono, desde una perspectiva, más perfeccionista del cuidado de los parques, es en realidad, el orden natural del borde, es decir, un día hay juncos, al otro día la sudestada voló los juncos y de repente, no hay nada nuevamente. Es un ritmo.
AV: Y en el fondo es material artístico también. Porque podés tomarlo como una cosa que responde a la naturaleza de cómo viene la ciudad, es inevitable. Y también podés verlo como lo haría alguien que construye un paisaje con elementos naturales, y es como un cuadro. O sea, también es lo mismo. Y eso quiere decir que la naturaleza es manipulable, se puede instrumentar, no necesariamente la naturaleza es solamente natural. O sea, la mano del hombre puede intervenir en eso y ahí hay un diálogo, entre lo que es el espacio público en la escala de la naturaleza y el paisaje.
GT: Entonces ¿el diseño de esa colina es un modo de devolverle la barranca quitada del río? Es decir, la barranca original que tenía la Ciudad de Buenos Aires ¿se devuelve en ese gesto de diseño?
AV: Quizá sí, quizá, no. La barranca era para demostrar que se puede construir naturaleza que dialogue con el río. No podes dialogar con el río solamente con la llanura.
GT: Con la inmensidad del río.
AV: Claro, con la inmensidad. Acá está la mano del hombre, que tiene un mínimo diálogo con la enormidad del río y lo tenés además, como una fosa visual. No es lo mismo la perspectiva que tenés desde arriba de la barranca, con sus 3 metros y pico por arriba del nivel del agua. La usa todo el mundo ahí, es fantástico. Es un gran lugar.
MH: Es cómoda.
AV: Es una trilogía problemática, entre lo construido que es la arquitectura, independizado de su entorno, la ciudad y la naturaleza, lo que arman los lugares. Si te falta algo de eso, en realidad hay algo que debería estar. Entonces esa fue una etapa.
MH: Una etapa de tu práctica.
AV: Yo tuve la suerte de poder hacer varios proyectos, por concurso, de distinto tipo. El más reciente fue el Parque de la Innovación y ahora estoy haciendo otros más privados para el Tigre, el centro urbano Nordelta. Pero es muy interesante, porque ahi también es el agua pero…
MH: Es una construcción.
AV: Es un agua construida. Que está, pero no está igual, se convirtió en un lago. Con represas para mantener el nivel para que no se inunde y además tiene un carácter recreativo y paisajístico. Es para un grupo, Consultatio, que tiene una apertura ambiental extraordinaria y estamos en construcción de una ciudad de 25.000 habitantes.
MH: Volviendo al Parque de la Memoria. En el concurso y en el desarrollo del parque, ustedes definen el límite del río y por ende de la ciudad con el río. Esa baranda que primero fue diseñada por Carrasco. Después hubo una simplificación que es la versión monomaterial en hormigón. Descubrimos hablando con Raúl Navas que la Ciudad de Buenos Aires no tiene un límite político hacia el río.
AV: No hay una línea.
MH: No hay una línea que la defina políticamente. Entonces ese límite, es la última pieza diseñada de la ciudad. Quería que me cuentes un poco de cómo fue ese diseño. ¿Se hicieron estudios? ¿Cómo lo definieron? Es un cambio grande incluso, materialmente.
AV: La baranda en realidad es una baranda del Parque de la Memoria. Y un día, porque eso es típicamente argentino, porque esto no pasa en ningún país del mundo. Un día yo fui manejando por la costanera, y veo que se multiplicó. Y la verdad es que queda muy bien la baranda.
GT: Es decir que vos manejando te das cuenta que algo que habías proyectado para cierto espacio, se replica en gran parte de ese límite.
AV: Me di cuenta que habían cambiado la baranda en un sector de la costanera hacia el sur. Aparentemente era mucho más cómodo repetir lo que yo había hecho. Si no hubiera estado bien, hubieran hecho otra. O sea, fue una baranda muy estudiada, tenía que resistir la Sudestada.
MH: Me interesa eso. ¿Cómo se estudia, qué estudiaron? ¿Una fuerza natural? Tenés que entenderla…
AV: Ahí contamos con la ayuda de los ingenieros hidráulicos al principio. Porque, así como la defensa costera se construyó desde el agua, porque no había otra manera, ahí hubo toda una ingeniería de costa bastante importante. El diseño lo hicimos acá, como el que diseña una baranda de un balcón. Sabiendo que evidentemente, el aire que tiene el balcón no es el río de La Plata. O sea, había una pieza de hormigón, pesada, que está tomada con piezas galvanizadas, que funcionó… En el parque, las barandas se habrán puesto al principio,.
MH: ¿Primero se define el borde y después rellenar hasta ese borde para dar nivel? ¿Vaciando el agua?
AV: No, no lo vacían, lo calzaron, calzaron las defensas sobre el agua. No la baranda. Una parte sustancial de la baranda se pusieron ya sobre la obra hecha, sobre losas o sobre elementos que ya estaban por arriba de la cota del agua y están tomadas al hormigón. No al fondo del río. Lo que había que contener primero era el río y están clavadas como un cablestacado.
MH: ¿Podrías dibujar como es, te acordas del corte con el río incluido?
AV: No sé si me acuerdo… Mira, te voy a mostrar, espera que lo traigo, hace poco lo mandé a hacer maqueta.
Ves que está suelta, esta es una viga que cuelga de estos elementos verticales. Es como una pollera.
MH: O sea que esta pieza de hormigón está diseñada así para que le pegue, y vuelva al río.
AV: Está es una terminación, para que el agua haga ese gesto. Y acá hay aire, para que cuando pega la Sudestada, el agua pase por abajo.
GT: Ah! y que no genere presión.
AV: O sea, disminuye la presión del agua.
MH: Y la ola lo que hace es pasar por abajo.
AV: La ola puede pasar por abajo, por arriba. Esto es ingeniería pura. En realidad, nosotros lo que hicimos fue esto. Este cachito.
MH: El último tramo
GT: Y este, esa especie de pollera que tiene un límite que no toca el piso, ¿también fue diseño tuyo?
AV: Sí, sí. Esta pieza yo me acuerdo que la fui a ver dónde la fabricaban. Vigilamos el tubo ancho, cómo está tomado con una especie de abrazadera.
GT: El tubo tan ancho, de ese diámetro. ¿Es para que resista el agua?
AV: Lo hicimos galvanizado por eso. Entonces yo dije, no vamos a hacer una pieza de ingeniería, acá hay que hacer una pieza de arquitectura, hagamos la maqueta.
Y la verdad que es lindísima la maqueta.
GT: Es muy linda.
AV: La hizo, Pacheco Nieves.
MH: Es un lindo detalle del límite con la ciudad.
GT: ¿Y esto en el fondo, también existe?
AV: Esa piedra existe.
GT: Es un doble borde.
AV: Esto ayuda, todo esto ayuda a que la ola se vuelva.
MH: ¿Recordas quiénes son los ingenieros?
AV: La Ciudad los puso. Eran unos ingenieros buenísimos, son hidráulicos.
MH: El Parque de la Memoria tiene eso. Lo mismo que el Micaela Bastidas, cuentan con un desarrollo y un pensamiento muy sofisticados y se lo ve.
AV: Estas son obras que vos pensás: hoy esta obra no se hubiera hecho.
GT: Para terminar y volver a la relación con ese límite, ¿Qué crees que habría que hacer para recuperar esa relación con el río que no estamos teniendo? ¿Devolver con naturaleza o construir naturaleza sobre lo existente? ¿Reconstruir un borde de parque?
AV: Yo diría que hay que ver la naturaleza como algo que inexorablemente va a cambiar, la idea de naturaleza va a cambiar, va a haber una naturaleza inaccesible como es el Kilimanjaro y toda la naturaleza accesible va a ser intervenida de alguna manera, o sea para mejorarla, para encauzarla.
En Buenos Aires, yo tengo un proyecto, un esquema, para hacer una gran construcción que garantice el borde de la ciudad poniendo el puerto afuera y que los barcos lleguen allá. Y que después haya feeders que entran, o un puerto de contenedores. Y así que garantice la estabilidad del agua que está próxima a la ciudad. Porque no sabemos cuánto va a crecer el nivel de Río de la Plata , en 100 años, en 200 años…
MH: La barranca va a volver a tener relevancia.
AV: Es que si queremos que la barranca tenga relevancia, probablemente todo eso va a haber que convertirlo en un gran lago. O sea, Buenos Aires va a dejar de dar al Rio de La Plata en directo y va a dar a un lago.
MH: Revisar qué hacer con toda la infraestructura que está planteada en los bajos. Infraestructura además que nutre a toda la ciudad.
AV: Yo creo que, lo que cambió respecto de todo esto que hablamos al principio, que dedicamos tanto tiempo, todo esto ya pasó. O sea, en Argentina no, las cosas que ya pasaron en otro lado y acá en Argentina no pasaron todavía. O sea, pasó conceptualmente.
Alberto Varas: Lo que sí está muy atrasado, es la relación de la ciudad con su entorno. Especialmente cuando hay agua, que puede estar vinculada a un sistema de variación de altura, porque baje o porque suba. Es una realidad.
El mundo de hoy digamos, es otro mundo que aquel de hace 20 o 25 años. Los períodos de transformación son una teoría del carácter asintótico de la curva del tiempo. O sea, los procesos que antes llevaban 50 años ahora llevan 10, y los que ahora llevan 10 van a llevar 1. No sabemos cómo los procesos de aceleración de los cambios se van a ir produciendo. Los tecnológicos, los conceptuales, etc. Entonces hay que empezar a pensar en otros términos. O sea, qué es lo que es más urgente, qué es lo menos urgente, qué transformaciones tiene sentido hacer y cuáles no.
AV: Para mí un problema fundamental es ir pensando soluciones para problemas que ya vimos, como todos los problemas que tiene el Delta. Que tiene el río en relación a la ciudad y la verdad que son esos los problemas que hay que encarar. O sea, construir un subte o un tren de alta velocidad, con eso no hay problema. Lo tenés en China, en Japón y en Alemania. Lo que pasa es que no lo tenemos nosotros. Pero el del Delta, el del Río, son problemas nuestros y si nosotros no alcanzamos ese nivel vamos a estar atrás de los acontecimientos. Porque los acontecimientos van a pasar.
MH: Específicamente estos naturales.
AV: Sí, los naturales van a pasar. Entonces, habría que ir pensando eso. El aeropuerto no puede estar ahí. El aeropuerto hay que ponerlo afuera. Estaba muy bien hace 50 años ponerlo en el río.
MH: Ese es el gesto más grande que menos interlocución necesita para realmente cambiar esta consolidación de Buenos Aires y su frente costero. No sé cuánto tiene el aeropuerto de extensión, pero deben ser casi 5 km o 7 km.
AV: Y va a tener más, porque cada vez los aviones van a necesitar más espacio.
GT: Y sobretodo, porque cada vez hay más vuelos que llegan a Aeroparque. Es una infraestructura que cada vez necesita más espacio…
AV: O se van todos para adentro o se van contra el río. Pero hoy por hoy, nadie sacaría de la posición privilegiada que tiene eso, a menos que pongas un tren de alta velocidad que vaya a Ezeiza. Tendrían que hacerlo, que va por arriba ir del medio de las dos manos y se acabó el problema no es tan caro. O sea, para la Argentina cualquier cosa es cara. Pero normalmente en cualquier país sería factible.
MH: Hay que ver el tema del costo-beneficio, es una cuestión política porque perder el aeropuerto dentro de la ciudad, le quita su autonomía.
AV: No lo van a perder. Pero si vos gradúas, así se ha hecho en varias partes del mundo, una isla artificial donde pongas el aeropuerto. Es normal, no pasa nada, no se altera nada. No es tan grave. Pero bueno es que no tiene otra salida, sino tenés que sacar el aeropuerto y sacar el aeropuerto no es posible.
Alberto Varas: Por eso digo que hay que pensar otras cosas, porque el otro tema, los temas que son acuciantes a la hora son de otra naturaleza. Un tema acuciante es el carácter asintótico del tiempo. O sea, no tenemos ya el tiempo que teníamos antes para resolver los problemas. Segunda cosa, la demanda de cambio también es asintótica. O sea, las poblaciones van a crecer si no mejoran, estás ahí y vas a quedar estancado. Pero si mejoran, que es lo esperable, vas a tener una demanda de mejores condiciones de vida que van a significar más movilidad, una movilidad sostenible, menos horas de trabajo, con lo cual vas a necesitar más lugares a los cuales ir cuando no trabajás.
AV: O sea, hay otra situación que cambia los programas, que cambia las tecnologías, que cambia los cuidados que hay que tener. Y entonces todos esos programas tienen que ver con estos temas, de la rapidez con que las que se producen los cambios y la posibilidad mayor o menor de usar la tecnología para resolverlo.
MH: Gracias Tito, por tu tiempo, por compartir. La verdad que estuvo buenísimo.
GT: Por la cátedra.
MH: Sí, por darnos una lección de arquitectura y urbanismo.