Las ocupaciones

por OTRO

Bajo el Monumental

River Plate toma su nombre del río.
Nació a su orilla, en La Boca, y a lo largo de su historia se fue desplazando siempre cerca de la costa. Incluso en Núñez —su ubicación actual— la relación con el río persiste, aunque lejana y domesticada por la urbanización. La historia del club está vinculada al agua y al suelo inestable sobre el que fue asentando cada una de sus canchas.

El Monumental se construyó a mediados de la década de 1930, sobre una zona baja del borde costero, entonces formada por humedales y terrenos blandos sujetos a inundación. Para poder levantar ahi un estadio de gran porte, fue necesario un trabajo intensivo de transformación del suelo: rellenos, drenajes, nivelaciones. Fue también clave el uso de una técnica constructiva que, por entonces, era relativamente nueva en el país: el hormigón armado, que permitió proyectar una estructura de gran escala sobre un terreno inestable.

Debajo de la superficie, el suelo en esa zona puede leerse en capas: de arriba a abajo primero, materiales de relleno urbano (tierra traída de otros sectores, escombros, restos de obra); luego, capas de sedimento blando y húmedo, propios de una antigua planicie aluvial; más profundo aún, aparecen restos de suelos antiguos y materiales más compactos. El espesor del relleno varía, pero se estima que en algunos sectores puede superar los cinco metros. El estadio, tal como se conoce hoy, reposa sobre una superposición de capas naturales y artificiales que fueron acumulándose en el tiempo.

La sección que recorre el territorio desde Avenida Cabildo hasta el río no responde a un trazado único. Está compuesta por fragmentos reales del borde urbano, por situaciones reconocibles para cualquier porteño que haya ido a la cancha: cruces de trenes, parques, avenidas, pasajes intermedios entre ciudad y club. Señala un movimiento que se repite los domingos. Desde distintos puntos del AMBA, hinchas llegan en micros escolares, subtes, trenes, colectivos. En las últimas cuadras se camina, se canta, se come algo, se arman murgas. Es un andar compartido que transforma la rutina del barrio.

Cada hincha traza una línea distinta hacia el estadio. Algunos lo hacen sin saber que esa caminata también es una bajada hacia el río, o hacia lo que alguna vez fue el río. El agua ya no se ve, pero está ahí: en el subsuelo, en la memoria del terreno, en las decisiones que hicieron posible construir en ese lugar. El recorrido se apoya sobre capas sucesivas: físicas y simbólicas.

Más allá de su valor constructivo o geológico, el suelo es también un soporte para la vida colectiva que se organiza en torno a la cancha. Caminar hacia River es hacerlo sobre un territorio que fue transformado, que fue borde, que fue barro. Y aunque esas capas ya no estén a la vista, todavía sostienen lo que pasa arriba. Esa es la historia que se intenta leer.

 

 

Otro arquitecto

OTRO, oficina con base en Moreno dirigida por Juan Pablo Berbery, investiga cómo las experiencias locales de habitar pueden alimentar nuevas formas de pensar/hacer y aprender/enseñar Arquitectura. Su trabajo se enfoca en el cruce entre la práctica profesional, el estudio de la construcción anónima en el conurbano de las ciudades y la enseñanza del proyecto arquitectónico en la academia.
Este mapeo contó con la colaboración de Cecilia Lopez, estudiante de arquitectura.

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